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Urbanistas
y vecinos, una relación posible
Fina Catalá, Josep Campos y Toni Picazo, de Amics del Carme.
No es algo exclusivo del
urbanismo, pero también se da en esta disciplina: la supeditación a
modelos y a categorías, hace perder de vista que el verdadero material
con el que trabaja son las personas. Personas que tienen cara y voz, y
vidas concretas, únicas e irrepetibles. A veces, ante proyectos que
consideran un atropello, las personas toman la palabra y protestan,
ejerciendo como ciudadanos, algo que suele contrariar a los políticos y a
algunos urbanistas. Así, suelen rechazar las críticas, o las minimizan
si no son toda la ciudad, dicen sólo algunos vecinos agoreros y
contumaces. A veces, hasta recurren a la descalificación personal. Tal
está pasando con el plan de actuación en el entorno de la muralla árabe
en el barrio de El Carmen: los arquitectos redactores del mismo no han
dudado en desacreditar a los vecinos que actúan como portavoces de los
afectados en la polémica pública que mantienen con ellos. Al atacar a
los que están dando la cara, buscan, claro está, menoscabar las
movilizaciones vecinales, sin caer en la cuenta que son ellos mismos los
que se desacreditan.
Estos urbanistas mueven a
la sonrisa cuando, para demostrar lo equivocados y manipulados que están
los que protestan por el proyecto de la muralla musulmana, cuentan el
bello cuento de Velluters: «Antes un paisaje físico sombrío y
degradado; ahora un entorno a la escala del barrio con edificios
educativos modernos, y actividades nuevas que se sitúan al calor de aquéllos.
Antes un paisaje social underground, con desdichados de mirada vacía; hoy
un panorama juvenil, con alegres adolescentes que llevan su violín
enfundado o grupos que discuten sobre una maqueta frente a la Escuela de
Diseño», ha escrito el arquitecto Juan Pecourt, involucrado en ambos
proyectos de Ciutat Vella. Pero cómo puede ignorar este arquitecto que el
paisaje humano underground ha desaparecido de los aledaños de estos
equipamientos educativos por la presencia diaria de la policía y no tanto
por la presión de la arquitectura. Basta recorrer unas manzanas para
volverlo a encontrar. El problema no se ha resuelto, simplemente, se ha
desplazado de sitio. (Lo cual no quiere decir que no haya habido ciertas
mejoras en el barrio y que éstas no pudieran haberse conseguido sin haber
recurrido a un urbanismo tan aniquilador como el utilizado. Pero esto es
otro tema).
Por lo que respecta al
entorno de la muralla musulmana, los males que lo aquejan son evidentes
desde hace decenios. En primer lugar el lamentable estado de las partes
visibles de la misma a lo que habría que añadir la degradación de
ciertos edificios vacíos, el constante aumento de solares, y la pérdida
demográfica continua. Pero el proyecto del RIVA, del que también es
autor el gerente de este organismo, tomando como excusa la revalorización
arqueológica de la muralla, actúa fundamentalmente sobre edificios que
se encuentran en buen estado de conservación, y sobre todo llenos de
vecinos.
Sostienen los autores del
plan que éste deparará al entorno de la muralla un futuro tan radiante
como el presente que, según quieren creer, disfruta Velluters. Un futuro
de colores. Pero para el centenar de vecinos cuyas viviendas serán
expropiadas el futuro tiene tintes más sombríos. Lo que denuncian estas
personas y quienes nos solidarizamos con ellas es que el plan promovido
por el RIVA para la regeneración de este entorno sirva de pretexto para
desalojar a los habitantes de sus casas, derruirlas y dedicar el espacio
liberado a equipamientos que, además, en el plan están sin concretar.
Esto obligaría a los desalojados más débiles económicamente y a los de
mayor edad a abandonar el barrio y, en definitiva, a afrontar unas
condiciones de vida peores que las que tienen. Además de la expulsión de
la población de siempre, la realización del plan también conllevaría
la eliminación del poco artesanado que queda y del pequeño comercio. Eso
coadyuvaría a una mayor terciarización del Carmen y a su desaparición
como barrio popular.
Pero es que, además, el
proyecto no respeta la memoria histórica ni la trama y morfología
medieval que caracteriza este entorno, cosa que supone un incumplimiento
flagrante de la Ley de Patrimonio. Y qué decir de la idea central que
informa todo el plan, la recuperación arqueológica de la antigua muralla
árabe para hacerla visitable. La Sección de Arqueología del Colegio de
Licenciados y el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la
Universitat de Valencia se han manifestado en términos muy críticos
afirmando que el leid motiv arqueológico no se mantiene desde el punto de
vista científico y cultural. No en nuestro nombre, han dicho. Si quieren
intervenir, que lo hagan, pero que vistan la operación con otros ropajes.
Para la Asociación Amics
del Carme el mantenimiento de los vecinos de siempre en el barrio es
sagrado por una simple cuestión de justicia. Y peleamos y vamos a seguir
haciéndolo para que también lo sea para la Administración. Para que ésta
no deje de lado en la práctica los objetivos que pregona, eso es,
consolidar el carácter residencial del barrio, rehabilitar los edificios
dignos de protección y asegurar mejores condiciones de habitabilidad a
las viviendas y los residentes. Y para que los vecinos tengan participación
en la elaboración de los planes de reforma urbana que les incumben, lo
cual potenciaría la aceptación y la satisfacción de los mismos. Y también
su mejora.
Y es que El Carmen
necesita más gente. Son los vecinos de siempre y los muchos más que
tienen que venir, con sus vidas concretas, pequeñas, irrepetibles y
desconocidas los únicos que pueden insuflarle nuevos bríos y asegurar su
futuro. No el turismo ni los servicios. Por eso le exigimos al RIVA que
atienda reconozca las razones de todos los sectores sociales que
conformamos Ciutat Vella, no sólo los del cemento. Y muy especialmente
las de los más débiles, porque es el reequilibrio y la justicia social
lo que justifica la intervención pública. Y es en el diálogo firme y
apasionado donde vecinos, urbanistas y gobernantes podemos y tenemos que
encontrarnos. Es éste, y no la descalificación personal, lo que da
calidad a la democracia.
Firman también Josep Campos y Toni Picazo,
de Amics del Carme.
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