Carencia de viviendas en el Barrio del Carmen-Valencia

  Associació de Veïns i Comerciants Amics del Carme (València)

L'Associació es va constituir el proppassat mes de maig de 2000 amb l'objectiu de respondre a una sèrie de problemes que són comuns a altres barris del centre històric de València i d'altres ciutats europees, com ara l'especulació urbanística, la despoblació, la degradació d'edificis històrics, la pèrdua del teixit social i comercial, i la manca de les infrastructures necessàries per a respondre a les necessitats bàsiques dels veïns.

Última actualización:  martes, 06 de mayo de 2003

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"El derecho de los ciudadanos al descanso es superior al derecho de quienes reclaman la libertad para ocupar la vía pública, porque éstos no hacen más que un desquiciamiento, una desviación y una exorbitación de un derecho" E. Múgica.

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MURALLA


Urbanistas y vecinos, una relación posible
Fina Catalá, Josep Campos y Toni Picazo, de Amics del Carme.

No es algo exclusivo del urbanismo, pero también se da en esta disciplina: la supeditación a modelos y a categorías, hace perder de vista que el verdadero material con el que trabaja son las personas. Personas que tienen cara y voz, y vidas concretas, únicas e irrepetibles. A veces, ante proyectos que consideran un atropello, las personas toman la palabra y protestan, ejerciendo como ciudadanos, algo que suele contrariar a los políticos y a algunos urbanistas. Así, suelen rechazar las críticas, o las minimizan si no son toda la ciudad, dicen sólo algunos vecinos agoreros y contumaces. A veces, hasta recurren a la descalificación personal. Tal está pasando con el plan de actuación en el entorno de la muralla árabe en el barrio de El Carmen: los arquitectos redactores del mismo no han dudado en desacreditar a los vecinos que actúan como portavoces de los afectados en la polémica pública que mantienen con ellos. Al atacar a los que están dando la cara, buscan, claro está, menoscabar las movilizaciones vecinales, sin caer en la cuenta que son ellos mismos los que se desacreditan.

Estos urbanistas mueven a la sonrisa cuando, para demostrar lo equivocados y manipulados que están los que protestan por el proyecto de la muralla musulmana, cuentan el bello cuento de Velluters: «Antes un paisaje físico sombrío y degradado; ahora un entorno a la escala del barrio con edificios educativos modernos, y actividades nuevas que se sitúan al calor de aquéllos. Antes un paisaje social underground, con desdichados de mirada vacía; hoy un panorama juvenil, con alegres adolescentes que llevan su violín enfundado o grupos que discuten sobre una maqueta frente a la Escuela de Diseño», ha escrito el arquitecto Juan Pecourt, involucrado en ambos proyectos de Ciutat Vella. Pero cómo puede ignorar este arquitecto que el paisaje humano underground ha desaparecido de los aledaños de estos equipamientos educativos por la presencia diaria de la policía y no tanto por la presión de la arquitectura. Basta recorrer unas manzanas para volverlo a encontrar. El problema no se ha resuelto, simplemente, se ha desplazado de sitio. (Lo cual no quiere decir que no haya habido ciertas mejoras en el barrio y que éstas no pudieran haberse conseguido sin haber recurrido a un urbanismo tan aniquilador como el utilizado. Pero esto es otro tema).

Por lo que respecta al entorno de la muralla musulmana, los males que lo aquejan son evidentes desde hace decenios. En primer lugar el lamentable estado de las partes visibles de la misma a lo que habría que añadir la degradación de ciertos edificios vacíos, el constante aumento de solares, y la pérdida demográfica continua. Pero el proyecto del RIVA, del que también es autor el gerente de este organismo, tomando como excusa la revalorización arqueológica de la muralla, actúa fundamentalmente sobre edificios que se encuentran en buen estado de conservación, y sobre todo llenos de vecinos.

Sostienen los autores del plan que éste deparará al entorno de la muralla un futuro tan radiante como el presente que, según quieren creer, disfruta Velluters. Un futuro de colores. Pero para el centenar de vecinos cuyas viviendas serán expropiadas el futuro tiene tintes más sombríos. Lo que denuncian estas personas y quienes nos solidarizamos con ellas es que el plan promovido por el RIVA para la regeneración de este entorno sirva de pretexto para desalojar a los habitantes de sus casas, derruirlas y dedicar el espacio liberado a equipamientos que, además, en el plan están sin concretar. Esto obligaría a los desalojados más débiles económicamente y a los de mayor edad a abandonar el barrio y, en definitiva, a afrontar unas condiciones de vida peores que las que tienen. Además de la expulsión de la población de siempre, la realización del plan también conllevaría la eliminación del poco artesanado que queda y del pequeño comercio. Eso coadyuvaría a una mayor terciarización del Carmen y a su desaparición como barrio popular.

Pero es que, además, el proyecto no respeta la memoria histórica ni la trama y morfología medieval que caracteriza este entorno, cosa que supone un incumplimiento flagrante de la Ley de Patrimonio. Y qué decir de la idea central que informa todo el plan, la recuperación arqueológica de la antigua muralla árabe para hacerla visitable. La Sección de Arqueología del Colegio de Licenciados y el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de Valencia se han manifestado en términos muy críticos afirmando que el leid motiv arqueológico no se mantiene desde el punto de vista científico y cultural. No en nuestro nombre, han dicho. Si quieren intervenir, que lo hagan, pero que vistan la operación con otros ropajes.

Para la Asociación Amics del Carme el mantenimiento de los vecinos de siempre en el barrio es sagrado por una simple cuestión de justicia. Y peleamos y vamos a seguir haciéndolo para que también lo sea para la Administración. Para que ésta no deje de lado en la práctica los objetivos que pregona, eso es, consolidar el carácter residencial del barrio, rehabilitar los edificios dignos de protección y asegurar mejores condiciones de habitabilidad a las viviendas y los residentes. Y para que los vecinos tengan participación en la elaboración de los planes de reforma urbana que les incumben, lo cual potenciaría la aceptación y la satisfacción de los mismos. Y también su mejora.

Y es que El Carmen necesita más gente. Son los vecinos de siempre y los muchos más que tienen que venir, con sus vidas concretas, pequeñas, irrepetibles y desconocidas los únicos que pueden insuflarle nuevos bríos y asegurar su futuro. No el turismo ni los servicios. Por eso le exigimos al RIVA que atienda reconozca las razones de todos los sectores sociales que conformamos Ciutat Vella, no sólo los del cemento. Y muy especialmente las de los más débiles, porque es el reequilibrio y la justicia social lo que justifica la intervención pública. Y es en el diálogo firme y apasionado donde vecinos, urbanistas y gobernantes podemos y tenemos que encontrarnos. Es éste, y no la descalificación personal, lo que da calidad a la democracia.

Firman también Josep Campos y Toni Picazo, de Amics del Carme.