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Desde principio del año 2003 los vecinos
del Carmen de Valencia , de una parte del barrio, nos sumergimos en la
inseguridad, la preocupación, el desasosiego. La causa fue el proyecto de
la oficina RIVA para modificar el entorno de la muralla musulmana y la
zona de la calle Na Jordana.
A través de los medios de comunicación
denunciamos repetidamente la situación, sobre todo el despropósito de
ese plan. Un plan que desaloja a los vecinos de sus casas, derriba sus
fincas para construir edificios de la Administración, altera la trama
urbana, descataloga edificios que constaban como protegidos, demuele sus
talleres a los artesanos y, en definitiva, deja a numerosas familias con
la vida destrozada, además de constituir una grave agresión para el
patrimonio histórico-artístico. La excusa era la rehabilitación y
puesta en valor de la muralla musulmana. Pero en todo el proyecto no
había una sola línea que examinara las distintas alternativas para hacer
eso, y lo primero que intentaba el RIVA era vaciar el barrio de vecinos.
A lo largo de estos meses, desde la
asociación de vecinos afectados realizamos numerosas acciones para
resistirnos a ese plan e informar a todos los valencianos: artículos de
prensa, barricadas, cenas populares, referéndum... Hemos contado con la
ayuda de todas las asociaciones de vecinos del centro histórico,
especialmente las del barrio del Carmen, y seguimos en la lucha.
Durante todos estos meses, la
Administración hizo oídos sordos a nuestras solicitudes. Desde la prensa
y en conversaciones personales, el insensible equipo redactor utilizó
contra nosotros la arrogancia y la ironía: se nos llamó intérpretes de
canción protesta, se nos acusó de vivir entre el chapapote urbanístico,
se nos espetó que no aceptábamos el progreso. Insultos no sólo a las
víctimas del expolio y a la ciudadanía, sino a la inteligencia, puesto
que todos sabemos, y la actualidad nacional lo confirma, lo que suele
haber en muchas ocasiones detrás de estos proyectos urbanísticos tan
conflictivos.
En el mes de julio, tras las elecciones, se
produjo un cambio en la dirección general de la conselleria, de la que
depende el RIVA. El nuevo director general, don Fernando Mut, nos citó a
los pocos días para una entrevista. Fue asombrosa, por inesperada, la
coincidencia en los planteamientos. La filosofía de cómo debe llevarse
la actuación es muy semejante a lo que estamos planteado los vecinos:
eliminar todos los innecesarios desalojos, respetar la trama urbana y el
patrimonio histórico-artístico, considerar ese entorno espacio
residencial y no administrativo, priorizar los equipamientos de barrio,
fomentar la participación ciudadana... ¿Se abría de verdad una puerta a
la esperanza?É
Pero hemos llegado a finales de septiembre
y la situación continua paralizada. Aún no se ha formado la comisión de
seguimiento que aprobó el pleno del Ayuntamiento en el mes de marzo con
el voto positivo de todos los grupos políticos, y no sabemos cómo se va
a producir y encauzar la prometida participación ciudadana en el diseño
definitivo del plan.
Si miramos hacia atrás, comprobamos que
durante todo este tiempo tuvimos que organizarnos para protegernos de la
Administración, que es quien tendría la obligación de defendernos, que
para eso está. Y en lo que dura este inacabable proceso, poco a poco
desaparecen algunos interesados, varios ancianos ya han fallecido sin
verse libres de la amenaza de desahucio. Hay numerosas fincas que no se
pueden rehabilitar (con sus proyectos ya aprobados) porque tienen
paralizados los permisos, hemos sufrido varios incendios en el entorno, la
muralla sigue llena de maleza, los solares del RIVA, de la Diputación,
del Ayuntamiento siguen en ese grado de soledad y abandono que aumenta la
progresiva degeneración del barrioÉ
Los vecinos queremos soluciones ya. Hemos
realizado propuestas, estamos trabajando en proyectos para mostrar a la
Administración otras posibilidades, otra forma de actuar en la Ciutat
Vella. Hasta ahora la acción del RIVA en el centro histórico ha supuesto
la terciarización de la zona, la destrucción del patrimonio, la
tendencia a la despoblación y marginalización de este barrio antes
próspero. La riqueza de unos pocos y la ruina de muchos ciudadanos. Los
vecinos decimos basta. Nuestra lucha continúa; nos va la vida.
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