Hemeroteca del Barrrio del Carme-Valencia

  Associació de Veïns i Comerciants Amics del Carme (València)

L'Associació es va constituir el proppassat mes de maig de 2000 amb l'objectiu de respondre a una sèrie de problemes que són comuns a altres barris del centre històric de València i d'altres ciutats europees, com ara l'especulació urbanística, la despoblació, la degradació d'edificis històrics, la pèrdua del teixit social i comercial, i la manca de les infrastructures necessàries per a respondre a les necessitats bàsiques dels veïns.

Última actualización:  2003-12-03

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"El derecho de los ciudadanos al descanso es superior al derecho de quienes reclaman la libertad para ocupar la vía pública, porque éstos no hacen más que un desquiciamiento, una desviación y una exorbitación de un derecho" E. Múgica.

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Usuario, cliente o ciudadano


(…) la panacea de la “participación del usuario” (difícil de definir apropiadamente y todavía más difícil de conseguir) sólo ha servido para hacernos advertir cuán intratable es el problema, así como el hecho de que probablemente sólo podrá ser solventado por partes, respondiendo debidamente a unas situaciones específicas.[1]

Del comentario de Kenneth Frampton, inserto en su difundida Historia crítica de la Arquitectura Moderna, en el capítulo dedicado a hacer un balance de propuestas participativas como las de Giancarlo de Carlo en Terni, al norte de Roma, o de John Turner y William Mangin en Lima[2], podemos deducir en primer lugar que, a pesar de ser conscientes de la necesidad de una participación activa del usuario en el diseño urbano, ésta es muy difícil de articular. El problema está servido sobre todo, si se traspasa el ámbito particular del hábitat, en el que con la tecnología actual es relativamente viable diseñar un programa flexible y adaptado a los distintos requerimientos domésticos, y entramos en el complejo tejido urbano, en una arquitectura de la ciudad que no sólo contemple trazados abstractos sino configuraciones concretas,. De hecho, el propio Frampton califica la deseada participación ciudadana de “panacea”, debido a los numerosos problemas que se han dado en las distintas experiencias de aplicación concreta, fundamentalmente, cuando se ha pretendido abarcar de modo genérico la totalidad de los problemas urbanos, sin diferenciar claramente de qué se está hablando, o lo que es lo mismo, en qué y dónde se quiere incidir.

Sin embargo, también es preciso considerar que la sugerencia de atender sólo a situaciones específicas está muy bien teóricamente, pero también conduce a veces a situaciones un tanto absurdas. Por poner un ejemplo, situémonos tal en las confrontaciones recientes entre residentes y otros usuarios en los centros históricos (los problemas del “botellón”, de la circulación de vehículos, las zonas de ocio, etc.), derivados en parte por la falta de conciencia ciudadana, pero fundamentalmente por una deficiente política municipal en lo que significa articular un modelo de convivencia en el que se pueda dar un equilibrio entre distintos tipos de actividad sin que ninguna anule el resto. Es preciso un equilibrio entre locales de ocio, edificios administrativos, residenciales, educativos, equipamientos deportivos, sanitarios, museos, bibliotecas, etc.). La ausencia de una especie de “ecosistema” que contemple las relaciones entre todos estos espacios y actividades es lo que crea conflictos y zonas que se hacen prácticamente inhabitables.

Por otra parte, y en contradicción aparente con lo que acabo de indicar relativo a la necesaria participación ciudadana, me gustaría hacer una observación que, a pesar de ser polémica, pienso que es necesario tomar como punto de partida. Paradójicamente, las planificaciones urbanas que mejores resultados han dado en una ciudad, no han sido fruto de dejarlo todo en manos del parcelario o de los gustos e intereses particulares de los usuarios, sino que ha habido una intención planificadora, asumida posteriormente por la población, no como “usuario” sino como “ciudadano” que se siente partícipe de un proyecto colectivo. La histórica intervención de Berlage en Amsterdam o la reciente de Barcelona bajo la supervisión de Oriol Bohigas, confirman este hecho. Indudablemente, no estoy con ello reivindicando el cariz “iluminado” de una posición ilustrada que determine la vida de los ciudadanos, sino la necesidad de consensuar unas directrices a partir de un proyecto urbano flexible, coherente, que sea sensible al contexto espacial, sociocultural y, por supuesto, sin dañar los intereses de los vecinos como colectivo. Y, en este punto es donde el problema adquiere tintes de conflicto casi irresoluble. ¿Cuándo se habla de intereses de los vecinos a qué nos estamos refiriendo?. Da la sensación que desde la administración pública se pretenda enmarcar dichos intereses en un problema de elección entre modelos de farolas, tipos de maceteros y otros adornos de calles y plazas. Todo se reduce a un problema de participación en la cosmética de la ciudad, sin entrar siquiera en el concepto de equipamiento urbano, y menos aún en el de política urbanística, que raramente se debate con los vecinos, que sólo pueden presentar alegaciones a unos proyectos totalmente elaborados, cuya lectura es difícil para la mayoría de la población y más todavía el formular alegaciones en la forma correcta. Por otro lado, da la impresión que la mayoría de la población haya interiorizado un modelo de ciudad que tiene más en común con proyectos desurbanizadores que con lo que es y representa una ciudad histórica[3]. La proliferación de adosados, la urbanización indiscriminada de la huerta, la transformación de los márgenes del antiguo cauce en autovías, la ocupación continua de aceras y el intenso tráfico en el centro histórico, son datos que sólo pueden llevar al desánimo, puesto que reflejan un modelo de vida individualista que poco tiene que ver con el anhelo de hacer ciudad.

Frente a este dato, como nota positiva, me gustaría destacar el reciente manifiesto suscrito por numerosas asociaciones vecinales del centro histórico de Valencia, que se ha enunciado como: “la calle es nuestra segunda casa. Manifiesto por la movilidad y la habitabilidad en Ciutat Vella”. Este manifiesto ha sido fruto de innumerables reuniones, discusiones, puntos de vista –muchas veces confrontados-, y pretende ser una especie de acuerdo de mínimos consensuado que pueda ser asumido por toda la ciudadanía. Por supuesto, suscribir este manifiesto implica reivindicar un modelo de ciudad y de vida que, hoy por hoy, tal como indicaba antes, no es compartido por la mayoría de la población, por lo que es urgente abrir un debate público en este sentido, en donde el razonamiento pueda tener un espacio y abra paso a una perspectiva de habitabilidad futura respetuosa con la memoria histórica. Sin embargo, no hay que desesperar totalmente, hay también, de hecho, una demanda de vivir en el centro histórico, además de mantenerse un reducto de resistentes residentes que desea un modelo de ciudad compacta que recupere el sentido que el barrio, la calle y la plaza han desempeñado como espacios vitales de comunicación e intercambio de ideas, esto es, como lugares vivos de convivencia ciudadana. A continuación enumeraré los puntos en que se centra el citado manifiesto:

1.       Aparcamientos para residentes

2.       Diseño y equipamiento urbanos

3.       Eliminar las rondas interiores de tráfico rodado

4.       Tarjeta de residentes

5.       Un transporte público mejorado

6.       Impulso del turismo urbano

7.       Fomento del pequeño comercio

8.       Rehabilitación y viviendas sociales

9.       Más itinerarios peatonalizados

 

En el contenido del manifiesto se desarrollan cada uno de estos puntos, indicándose además algunos ejemplos de otros centros históricos y sugerencias que demuestran que lo planteado es perfectamente viable y asumible.

Quedan una serie de puntos que, aunque parezcan marginales, es preciso abordar. No debemos engañarnos con relación a las recientes movilizaciones y participación ciudadana como respuesta a la actual política urbanística en la ciudad de Valencia. De momento, esta participación es minoritaria, tal como nos lo recuerda machaconamente la actual administración al referirse a los recientes resultados electorales, y casi deslegitimizando cualquier respuesta ciudadana que no se ajuste a la participación en las urnas, consideradas por el gobierno actual como el único espacio democrático de encauzar las reivindicaciones. Es urgente dinamizar y dotar de más competencias a las Juntas de Distrito. Quizá ello propiciaría una participación más directa de la ciudadanía, evitando la disociación actual existente entre política municipal y problemáticas vecinales.

No obstante, ya se indicaba al principio las dificultades que conlleva una participación activa en la gestión urbana por parte de los ciudadanos. En mi opinión, hay una serie de contradicciones internas en el funcionamiento cotidiano de las asociaciones vecinales. Señalaré algunas que, de no resolverse, pueden obstaculizar la dinámica reivindicativa del movimiento ciudadano. Las enunciaré como interrogantes abiertos, puesto que creo que son de una complejidad tal que desarrollar punto por punto excedería el espacio asignado a mi intervención. Veamos algunas de estas contradicciones:

  • Por qué se han extinguido prácticamente las asociaciones vecinales, o mejor dicho, por qué éstas han sido sustituidas por asociaciones de afectados (frente al ruido, a expropiaciones, etc.) y, en algunos casos puntuales, por movimientos ciudadanos (en la defensa del Botánico o del Cabanyal).

  • Por qué muchos ciudadanos acuden circunstancialmente a las Asociaciones de Vecinos, como aquél que acude a una ventanilla a que le resuelvan su problema, esto es, con la misma actitud de un cliente ante una agencia de servicios cualquiera. No será que se ha propiciado este comportamiento al restringir la participación democrática sólo a las urnas.

  • Por qué se da un rechazo generalizado en los vecinos de los centros históricos de la arquitectura contemporánea que no se ajuste a supuestos criterios historicistas. Dándose la paradoja que incluso popularmente se admite antes un lenguaje high tech que otro de tipo racionalista. En este sentido, se prefiere algo espectacular que una opción que respete la volumetría de los edificios colindantes y sea sobria en su apariencia. No será que los profesionales de la arquitectura tienen algo de responsabilidad al no haberse preocupado mínimamente en escuchar, debatir, razonar y educar a la población en general en los criterios que subyacen a una intervención urbana y arquitectónica.

Añadiré ahora dos puntos que competen a la política urbana y que creo que deberían plantearse con más énfasis en las reivindicaciones ciudadanas:

  • Por qué no se debate y consulta a los vecinos afectados en importantes actuaciones urbanísticas (por ejemplo: en los casos de la ampliación del IVAM, el plan de la Muralla árabe, etc.) y, sobre todo, no se contemplan los daños colaterales que tales actuaciones implican, estudiando otras vías alternativas.

  • Por qué da la sensación de que el centro histórico se hace y deshace, sin que se dé una coordinación entre las distintas administraciones que aúnen esfuerzos en actuaciones conjuntas y paralelas en infraestructuras, viviendas y en la resolución de problemas sociales.

Puede que ante la situación actual, con el panorama de unas asociaciones vecinales reducidas a mínimos, gestionadas por un puñado de voluntarios, uno se convenza de que no hay nada que hacer, pero –tal como indica el antropólogo Manuel Delgado[4]- a pesar de todo, incluso en el supuesto de que no haya nada que hacer, ello no nos exime de no hacer nada, al menos si queremos estar tranquilos con nosotros mismos, diciendo un NO bien rotundo frente a los edulcorados mensajes de que todo va bien y de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Albert Esteve de Quesada

Associació de Veïns i Comerciants del Barri del Carme



[1] FRAMPTON, Kenneth; Historia critica de la arquitectura moderna. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1987. Pág. 293

[2] para ampliar lo apuntado por Frampton, consultar: TURNER, John F.C.; Vivienda, todo el poder para los usuarios. Hermann Blume Ediciones, Madrid, 1977

[3] vid.; CERDÁN, David; “La superficie urbanizada crece un 5% al año en el territorio valenciano”. El País, sábado 8 de noviembre de 2003. Comunidad Valenciana. Pág. 5

[4] cit. en la conferencia “Trivialidad y trascendencia. Los usos sociales y políticos de la cultura”, pronunciada dentro del programa de Realitats de la Ciutat, organizado por Ciutadans per una Cultura Democràtica i participativa.